CICLO DE VIDA DE LOS MATERIALES, MUCHO MÁS QUE UN SELLO

En la economía y producción mundial, sobre todo en los países desarrollados, existe una serie de marcadores (sellos, códigos, etc) que se utilizan para indicar las características de calidad de los productos suministrados según una legislación cada vez más exigente.

Esta legislación (puede ser comunitaria, nacional o internacional) reconoce cada vez más la importancia de que el producto en cuestión se fabrique según unos estándares menos dañinos para el medio ambiente (madera que proceda de un bosque bien gestionado, que se pueda reciclar o que haya sido aprovechado de otros productos ya desechados). Y nosotros como clientes y compradores nos conformamos con los sellos marcados por estas empresas.

Pero existe un problema que solamente es apreciable cuando tenemos una visión global de un producto. Desde el inicio de la obtención de los materiales hasta su destrucción total.

Para poder entender esto se ha creado un concepto muy importante: El Ciclo de Vida de los Materiales.

Este análisis se divide en:
– Obtención de la materia prima.
– Transporte a fábrica para su manufactura.
– Fabricación del material.
– Transporte al almacén u obra.
– Uso y mantenimiento en el edificio.
– Destrucción y reciclaje.
– Disposición de los desechos.

 

ciclo

Para verlo de forma más gráfica analizamos un material aparentemente no muy contamínate, el hormigón.

Vemos que para obtener la materia prima del hormigón nos tenemos que desplazar a las canteras, donde existe un fuerte impacto ambiental y visual, además de la maquinaria utilizada para su extracción, un extra de CO2 a la atmosfera.

Todo este material se transporta a las fábricas de hormigón, donde se mezcla los productos con aditivos de varios tipos, naturales, químicos, etc, que conlleva su propio ciclo de vida. A tener en cuenta que la fábrica se suministra de electricidad, consumos de energías fósiles, etc.

Una vez creado el hormigón se transporta en cubas a las obras correspondientes, camiones que generan CO2.

Una vez en la obra siempre hay desechos, sobrantes que van al terreno directamente, sumando la limpieza de las cubas que muchas veces acaba filtrándose en la tierra o en el alcantarillado para terminar en los ríos.
Una vez en obra, su mantenimiento es mínimo, apenas hay que tratar este material.

Pero una vez que se demuela el edificio es muy difícil separar el hormigón, ya que muchas veces va mezclado con productos bituminosos, hierros, etc por lo que para su reciclado también es necesario aplicar un gran aporte energético en maquinarias y sistemas de segregación.

Aunque se le puede dar muchas utilidades al hormigón reciclado hay que volver a contar con el ciclo de vida de un nuevo producto.

Los datos confirman que por cada tonelada de hormigón se produce 1.25 toneladas de CO2. Ahora pensemos las toneladas de hormigón que tiene un edificio, a esto hay que sumarle el resto de los materiales, ladrillos, maderas, alicatados, pinturas, vidrios, etc. La cifra puede llegar a asustar.

La conclusión es que tenemos que ser conscientes y mirar de forma global los materiales, y no sólo conformarnos con lo que nos diga el vendedor ya que como hemos visto cada producto esconde un importante ciclo de vida y una huella poco visible para nuestro medio ambiente.

Escrito por: Jesús Zarzuelo