FOBIA A LAS ALTURAS I

Dijo una vez Aristóteles: “la virtud es el justo medio entre dos defectos”. Si esto lo extrapolamos a la arquitectura y tomamos la variable de la altura, se nos antoja un intenso debate: construcción en altura versus construcción en una planta, o edificios de una altura limitada.

En estos últimos años, los numerosos ejemplos de mega-construcción en altura en los países árabes y asiáticos han generado un halo de controversia sobre este tipo de estructuras. Y no es para menos, torres como Burj Khalifa en Dubai (828 m), o el complejo Abraj Al-Bait en La Meca (601 m), entre otras muchas muestras, han superado límites que hasta hace poco eran más propios de la ficción.

Hoy en día, edificios de menos de 100, o incluso de 150 metros, ya no son considerados como rascacielos, sino como high-rises, y las construcciones de 300 metros o más se conocen como supertall o mega-rascacielos, dentro del mundo arquitectónico.

Skyline de la bahía de Pudong, Shanghai.

A la hora de meditar sobre el volumen y la altura de una edificación muchas son las personas que se posicionan a uno y otro lado de la balanza, pero tantas son las que se detienen en pensar sobre las necesidades sociales y económicas de la zona donde se ubica, su encaje urbanístico y medioambiental en el entorno y el objetivo final del edificio.

Entonces nos preguntamos: ¿la clave del éxito de una edificación debería ser un equilibrio entre estas tres variables?

 

 

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