La “piel” que habito

La piel que habito

El cuerpo humano esta dotado de una envolvente de alta eficiencia, la piel, que es la que protege el resto de órganos. La piel tiene un comportamiento difícilmente asimilable a nada de lo que hemos sido capaces de construir, pero nos debería servir como ejemplo para nuestros edificios, tanto para valorar como se consigue el confort en el interior de los mismos, como de fuente de inspiración para mejorar las envolventes de estos.

El comportamiento de la piel respecto a las variaciones de temperatura es altamente eficaz, debido a que los poros de la piel se adaptan rápidamente a la situación térmica. Ante estas variaciones, los poros se abren y transpiran en cantidad cuando las temperaturas suben, o bien, se cierran ante las bajas temperaturas, evitando así las perdidas de calor del cuerpo que protege.

Con otros estados del ambiente medibles por nosotros, como son la humedad relativa del aire o la velocidad del viento, la piel ya no se comporta de una forma tan eficaz. Mientras que con la primera mejora la conductividad y por tanto las perdidas de temperatura, con la otra se pueden producir reacciones en el interior de nuestro organismo, como las contracciones musculares.

Sin embargo, no existe un elemento en la piel que nos otorgue una protección óptima ante la radiación térmica, haciéndonos vulnerables a sus efectos e influyéndonos de sobremanera en nuestro estado de confort.

Se denomina radiación térmica o radiación calorífica a la emitida por un cuerpo debido a su temperatura. Todos los cuerpos emiten radiación electromagnética, siendo su intensidad dependiente de la temperatura y de la longitud de onda considerada. En lo que respecta a la transferencia de calor la radiación relevante es la comprendida en el rango de longitudes de onda de 0,1µm a 100µm, abarcando por tanto parte de la región ultravioleta, la visible y la infrarroja del espectro electromagnético.

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Por tanto todos los cuerpos y objetos que nos rodean emiten una radiación que contribuye a mejor o peor en nuestro confort.

Para intentar trasmitir al lector como se plasma en nuestro estado de confort la radiación, valoraremos algunos ejemplos altamente significativos que nos demuestran como la radiación es mas relevante para el confort humano que cualquiera de las otras componentes expuestas.

Sabemos por nuestra propia experiencia cómo podemos encontrarnos de forma confortable bajo unas condiciones de temperaturas extremas. Por ejemplo, esto ocurre en casos por debajo de cero grados centígrados, como es el típico caso de un día en la nieve en el que la temperatura del ambiente puede ser de -5ºC, pero a la vez es un día soleado y con abundante nieve en nuestro entorno inmediato.

¿Cómo se puede tener esa sensación de confort a esa temperatura? Esto es así gracias a la radiación que proviene tanto del sol como de la nieve, haciendo que nuestra sensación térmica y nivel de comodidad nos incite a quedarnos en manga corta mientras nuestro cuerpo se encuentra perfectamente, sin riesgo de tener ningún tipo de dolencia posterior por el frío del ambiente. Sabemos que para esta situación, así como la temperatura no afecta, si que nos podría afectar un fuerte viento dominante, o una humedad relativa alta, pero en definitiva la temperatura es ajena a nuestro estado de confort.

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La segunda situación que podría darse es, cómo encontrándonos en una estancia a 22ºC pero en un lugar en el que las paredes se encuentran frías o húmedas, y en el que a pesar de la temperatura del ambiente, nuestro cuerpo percibe frío por zonas o sensación corrientes de aire inexistentes que nos impiden encontrarnos de forma confortable en el lugar, dando lugar en muchas ocasiones a cuadros médicos patológicos harto conocidos.

Estos dos ejemplos nos son suficientes, para aseverar que la tan medida, temperatura ambiente, que consideramos tan relevante, solo es una mera medición, consecuencia más del estado de ambiente global.

Por tanto, desgranamos que para el confort climático del hombre no es tan relevante la temperatura y si el estado de radiación de todos los elementos que nos rodean. Por ello, el control de la humedad y de las infiltraciones (corrientes) ha de tener un papel fundamental en los procesos constructivos, además, es necesario estudiar el estado radiante de los elementos del entorno y aislarlos térmicamente, para que no se transforme ninguno de ellos en un emisor o receptor de calor indeseado.

Se puede decir que la forma de conseguir el confort deseado pasa por tener controlado, casi en mayor media que la temperatura del ambiente, la de los cuerpos y objetos que nos rodean junto con las corrientes de aire que se pudiesen producir, tanto por efecto del viento como por las diferencias térmicas entre estos objetos que nos rodean.

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CONCLUSIÓN:

Para lograr una estancia que tenga el nivel de confort deseado, es crítico: la homogeneidad de los paramentos que la rodean, así como de los objetos contenidos (evitando discontinuidad térmica en todo), y la hermeticidad del recinto con el exterior. De este modo nos aseguramos la ausencia de diferencias térmicas, de corrientes o de altos niveles de humedad. Esto queda garantizado con:

  • La inexistencia de puentes térmicos
  • La continuidad física total de la envolvente térmica del edificio (aislamiento) por todas su caras (paredes, techos y suelo)
  • La hermeticidad del edificio con el exterior
  • La existencia de elementos sólidos de gran masa que nos actúen como baterías térmicas homogéneas

Estas exigentes pautas, que no se suelen seguir en la construcción convencional, son las que conforman los estándares que nosotros adoptamos para el desarrollo de nuestras viviendas Industrializadas de alta eficiencia.

Mario Pírez, arquitecto en AIRO Edificios.

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